viernes, 19 de julio de 2013

La enajenación como mal de "La Sociedad"

No soy de las personas mas sociables que se podrían tener en un círculo de amigos, cayendo en los que felicitan un cumpleaños gracias al recordatorio de Facebook o del Calendario de Gmail; sí, incluidos los de familiares cercanos, o de los que se enteran de la situación sentimental y penurias a través de las redes sociales; cosas que de por sí podrían apoyar la justificación del porque del nivel de sociabilidad en el que me encuentro, en donde me lo pienso entre asistir a una fiesta o reunión a quedarme en casa pegado a la TV viendo algún triller de suspenso y ciencia ficción o ayudándole a Ellie a llegar su destino en The Last of Us.

Lo anterior sin llegar a considerarme un enajenado social; en lo absoluto, todo lo contrario, habitando en ese área gris entre el "no me importa" y "alguien debería hacer algo" en donde seguramente muchos habitamos. 

Desde esa área gris es preocupante ver como las personas cada vez dejan de ser más personas, y no porque la tecnología nos esté volviendo estúpidos, no, pues es de lo más normal ver a las personas en el transporte público alimentando su "intelecto" o libido con su teléfono móvil o tableta mientras la caja de metal  surca la ciudad de extremo a extremo. Hago referencia a ese decoro y mínimo respeto hacia la dignidad humana, incluso, esa lástima que alguien desvalido pudiese llegar a despertar, cosas que cada vez ocurren menos.

Jóvenes que pueden estar sentados de lo mas cómodos en su silla con una señora con 36 semanas de embarazo a punto de romper fuente en pleno metro o bus de pie y a su lado, so pena de bautizar al niño "Volvo Fernández" o "Mercades Benz González" en caso de nacer allí mismo; o los mismos jóvenes con ancianas a quienes hasta los cristales de sus anteojos parecen pesarles les miran con un sabor a "por favor déjeme sentar" y "si tuviera fuerzas le golpeaba", las cuales de píe, apenas pueden agarrarse de los espaldares para no salir dando tumbos con cada frenada del señor conductor, y ni que decir de a quienes las personas que necesitan una silla huelen a cloroformo, pues les causan un sueño profundo inmediato.

Considero que ya hemos tocado fondo, pues este tipo de comportamiento es cada vez mas común en las generación que tendrán el mando del mundo en unos cuantos lustros, bien puede Dios irse apiadando de nosotros.

El fin de semana inmediato, tuve la oportunidad de asistir a un bazar, una actividad en pro de recolectar fondos para una iglesia católica (sin entrar a discutir de religiones), y la verdad, fue muy agradable ver departir a personas de todo tipo (color, estrato, sexo) al unísono de la música popular sonaba, unos bailando, otros tan solo mirando y comprando la comida y las bebidas que allí se vendían. Por un momento viajé a mi niñez cuando las puertas de la casa se cerraban tarde en la noche, montar en bicicleta era un gusto y salir de casa era como un reinado, pues cada 2 cuadras estaba uno saludando a algún conocido.

Sin duda ese contacto humano, ese respeto es cada vez más efímero, dejándonos en ridículo incluso al entrar en un asensor, lanzar una mirada a todos, pronunciar un saludo y obtener por respuesta el pitido agudo avisando el cierre de las puertas.

Hay límites, unas personas pueden ser demasiado sociables, rayando en lo "comunicativas" chismosas, otras, tímidas pero que no dejan a nadie con el saludo en la boca y la mano extendida, con todo eso bien hemos llegado a donde estamos en pleno 2013, pero sin esa cortesía básica y ese dolo mínimo quien sabe a donde llegaremos.

Compartir con alguien desconocido es satisfactorio, pues mínimo aprende uno algo interesante, además, los mejores y más grandes negocios en el mundo se cierran es con relaciones públicas; aunque supongo que la señora quien casi bautiza a su hija Mercedez Benz González no esté pronta a cerrar un gran trato que le amerite una silla.
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